Políticas que asfixian a las familias trabajadoras
18 de agosto de 2026
El endeudamiento y el aumento de la mora muestran el impacto de una política económica que deteriora el poder adquisitivo y hace cada vez más difícil llegar a fin de mes. Con salarios que pierden frente a los gastos esenciales y servicios que aumentaron fuertemente, las familias destinan cada vez más de sus ingresos a sostener su economía. Una realidad que también vemos entre nuestros compañeros y que nos obliga a estar, defender y hacer escuchar nuestra voz.

Hay momentos en los que no alcanza con mirar los números. Hay que entender qué hay detrás de ellos. El endeudamiento y la mora de las familias argentinas son hoy una señal concreta de lo que está pasando. Y los datos muestran un deterioro que no podemos ignorar.
Un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señala que, en mayo de este año, la morosidad de las familias con entidades financieras llegó al 12,3%. En octubre de 2024 era del 2,5%. Es decir, en menos de dos años se multiplicó casi por cinco. En el caso de las billeteras virtuales, la mora llegó al 29,6%, el máximo registrado desde que existen datos para este tipo de financiamiento.
En total, 5,8 millones de personas tenían saldos irregulares entre bancos y billeteras virtuales. Detrás de estos números hay trabajadores y familias que todos los días tienen que hacer un esfuerzo mayor para sostener su economía.
Fuente: Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

El informe relaciona el aumento de la morosidad con el deterioro de los salarios reales. Desde el último trimestre de 2024, cuando comenzó a agotarse el rebote de los salarios, la capacidad de pago de las familias empezó a deteriorarse. El salario real de los trabajadores registrados acumula, según CEPA, una caída del 8,7% desde la asunción de Javier Milei. Sin embargo, tomando la inflación actualizada (ENGHo2017/18), la pérdida de poder adquisitivo se profundiza hasta el 18,7%. Al mismo tiempo, las familias ya destinaban, a fines del año pasado, el 24,1% de la masa salarial al pago de servicios de deuda bancaria.
No son datos aislados. Son el resultado de una política económica que está haciendo cada vez más difícil llegar a fin de mes. A la pérdida de poder adquisitivo se suma el fuerte incremento de los servicios públicos y el transporte, que ocupan un lugar cada vez más importante en el presupuesto de las familias. La canasta de servicios públicos del AMBA acumuló desde diciembre de 2023 un aumento cercano al 600%, muy por encima de la inflación, y hoy representa alrededor del 15% de un salario promedio.
El salario tiene que hacer frente así a una estructura de gastos cada vez más pesada: servicios, transporte y las necesidades básicas de cada familia. Y cuando los ingresos no alcanzan, el crédito aparece como una forma de cubrir aquello que el salario ya no puede sostener. El resultado está a la vista: más endeudamiento y, cada vez más, más familias que no pueden cumplir con sus compromisos.
Por eso tenemos que hablar de las consecuencias de las decisiones económicas que se toman. Porque detrás de cada porcentaje hay una familia. Detrás de cada deuda hay un trabajador que necesita sostener su hogar. Y detrás del crecimiento de la mora hay una pérdida de capacidad para afrontar compromisos que antes podían ser asumidos.
Desde SGBATOS no somos espectadores de esta realidad. Tenemos la responsabilidad de defender el trabajo, el salario y las condiciones de vida de nuestros compañeros. Lo hicimos siempre y lo vamos a seguir haciendo.
Hoy los trabajadores necesitamos respuestas. Necesitamos una política económica que vuelva a poner en el centro la producción, el trabajo y el poder adquisitivo de los salarios. Necesitamos que el esfuerzo no recaiga siempre sobre los mismos.

Cuando una política económica asfixia a las familias, no podemos permanecer indiferentes. Tenemos que estar. Tenemos que defender. Tenemos que hacer escuchar nuestra voz.
Por eso, desde SGBATOS adherimos a la convocatoria de la CGT y este jueves vamos a movilizarnos.
Lo hacemos convencidos de que la defensa de los trabajadores no se delega. Se ejerce con organización, con unidad y con presencia.
Porque cuando están en juego el salario, el trabajo y la dignidad de nuestras familias, la respuesta tiene que ser colectiva.
